Department of Culture and Language Policy

Guezala y Ayrivié, Antonio de Explore their collection
Artistic name:
Guezala, Antonio de
Place and date of birth:
Bilbao, 11/06/1889
Place and date of death:
Bilbao, 13/09/1956
Biography:

Guezala pertenece a esa generación central de artistas vascos, nacidos en las últimas décadas del siglo XIX, cuya obra conformó lo que se ha venido en denominar "la pintura vasca". Sin embargo, su quehacer escapa a esta denominación y aparece como un elemento exógeno, no tanto por su implicación y compromiso con el devenir cultural de Bilbao, sino por el extrañamiento que produce su obra frente a la de sus coetáneos. En primer lugar, porque su formación fue prácticamente autodidacta -apenas pasó unos meses en la Escuela de Artes y Oficios de la Villa- y no recorrió el camino a París, como lo harían la mayoría de sus amigos, que absorbieron las enseñanzas de la pintura francesa; en segundo, porque su curiosidad le llevó a experimentar con estilos y maneras de la más variada procedencia y a desarrollar una multiplicidad de disciplinas que, además de la pintura, abarcan desde el diseño gráfico hasta la ebanistería, la filatelia y la fotografía.

Fue el tercer hijo de los cinco que tuvo el matrimonio formado por Luis de Guezala y Esquivias y Julia Ayrivié Ygartua, y sus primeros años transcurrieron entre el plácido entorno de las Siete Calles y el colegio de San Antonio de La Casilla, donde mostró muy poco interés por los estudios, por lo que en 1902 su padre le envió a Burdeos y a Manchester para emprender la carrera de Comercio. De esa época data su primer cuaderno de dibujos y sus inicios artísticos a través de la revista "The Studio", que comenzó a coleccionar. A su regreso a Bilbao, una vez acordado con su padre que colaboraría en el negocio familiar -una floreciente lencería, para el que diseñaría primorosos ajuares-, pudo al fin dedicarse a sus inquietudes artísticas y a todo tipo de curiosidades que fueron construyendo su estilo personal. Además, los frecuentes viajes de negocios que realizaba en compañía de su padre a París, Londres, Viena o Bruselas le permitieron el conocimiento directo de cuantas innovaciones estéticas se produjeron en Europa. Unos pocos meses de aprendizaje con Antonino Arámburu (1862-1927) en la Escuela de Artes y Oficios le sirvieron para conectar con los artistas renovadores de la Villa, con los que en 1911 fundaría la Asociación de Artistas Vascos, una agrupación modélica que fue artífice de la introducción del arte moderno en Bilbao y de la que Guezala fue su auténtico animador cultural. A lo largo de los años pasó también a desempeñar un papel importante en los organismos gestores de los museos de la ciudad y en toda nueva iniciativa artística que en ella se produjera.

En 1912 contrajo matrimonio con Eloisa de Guinea, hija del pintor Anselmo Guinea (1855-1906). Ella se convirtió en su modelo habitual, y a medida que fueron llegando los hijos (Elito, Julio, Luis, Anselmo, Julia y Valentina) entraron a formar parte de su universo pictórico. Es así como el retrato y el autorretrato fueron los géneros que practicó en este período, y también los bodegones e interiores domésticos que, a menudo, conviven con los retratos y remiten a su entorno personal. En ellos desvela numerosas influencias, tomando de los Nabis el placer por los interiores domésticos, de la Secession vienesa la bidimensionalidad, la simplificación y el esquematismo formal, la elegancia decorativa, la sensualidad ojerosa de unos cuerpos envueltos en amplios ropajes, y de los fauves la aplicación del color y el ritmo de la pincelada. Una de sus facetas más destacadas es la de coleccionista y diseñador de ex libris, que ocupan buen parte de su inventiva entre 1917 y 1922. Esa capacidad de sintetizar y resolver con mínimas líneas cualquier composición se advierte en esos 48 pequeños grabados, destinados a su círculo familiar y a otros coleccionistas, que realizó en xilografía, aguafuerte y litografía, que sintonizan en buena medida con los ultraístas españoles. Esta misma capacidad se advierte en las numerosas ilustraciones que realizó para libros y revistas, como "Hermes" o "Arte Vasco", o en los menús y carteles para la Asociación de Artistas Vascos, en los que desplegó su fino humor y su ironía.

En los años veinte se produjo en su obra un cambio de registro. Dejaron de interesarle los dominios familiares, y fueron la ciudad y el paisaje los nuevos referentes de su pintura. Su mujer falleció en 1922 y no volvió a contraer matrimonio hasta 1924, con la institutriz de sus hijos, la navarra Francisca Larequi, que le dió cuatro hijos más (María Luisa, Francisco, Begoña e Ivonne). Entonces, su mirada se volvió hacia el dinamismo y la sofisticación de la urbe contemporánea, hacia los paisajes industriales de las márgenes de la ría y las intrincadas formaciones costeras. Como ocurrió en buena parte de la pintura de entreguerras, la geometrización de las formas se impuso como categoría general, aunque es difícil discernir si esa geometría provenía de Cézanne o del cubismo. En su caso, además, se suman las influencias del futurismo en una serie de pinturas en las que plasma un accidente de tráfico - Choque de tranvías en El Arenal, 1922-, el baile sincopado de una fiesta bulliciosa - Noche de artistas en Ibaigane, 1927-, y La puerta giratoria, 1927, quizá su mejor obra y la que más preguntas plantea por la tardía fecha de ejecución, cuando ya la vuelta al orden se había instalado en el arte europeo. Tratándose de un artista capaz de absorber todo tipo de sugerencias, no estaría de más pensar en una posible inspiración cinematográfica, un medio al que era también muy aficionado. La película de Murnau El último (1924), con esa primera escena donde la cámara se detiene insistentemente en el movimiento de la puerta giratoria de un gran hotel de Berlín, podría estar en el origen de esta pintura. Se trata de la puerta giratoria del Hotel Carlton de Bilbao, en el que hace su entrada Begoña de la Sota, dejando atrás el rápido fluir de la ciudad.

Del mismo estilo participan los numerosos carteles que realizó en esos años veinte y también en los treinta. Son las competiciones deportivas, las corridas de toros y las promociones turísticas las que mejor sintonizan con el espíritu cosmopolita que arraiga en ese período en toda Europa y que toma forma bajo la denominación común de art déco para popularizar los lenguajes provenientes de las vanguardias, despojados de su radicalidad. Construía a base de tintas planas y formas estilizadas y sutilmente geometrizadas, como en el cartel realizado en 1929 para el Patronato Nacional de Turismo sobre las playas del Abra, toda una explosión de color al servicio del elegante veraneo costero, o el que ilustra el IIeme Tour du Pays Basque (1925) en el que utiliza recursos provenientes del futurismo o del suprematismo para pronunciar la sensación de movimiento, como ocurre también en el cartel para el segundo Tourist Trophy Out-Boards, de 1933. De gran originalidad son los que realizó para las ferias taurinas de Bilbao de 1930 y 1931. Destacan por su novedosa composición y se alejan del tradicional cartelismo taurino.

En esos años se aproximó también a la fotografía, tal vez de una manera tangencial, pues todas las obras fotográficas conservadas son prácticamente de un mismo periodo, y habría que entenderlas como un acercamiento más dentro de su infinita curiosidad. Son imágenes captadas en los veraneos costeros con su familia en Bakio (Bizkaia) en las que registró sus movimientos, pero, además, constituyen todo un archivo documental de escenarios diversos que luego utilizaría en su pintura de paisaje. Sin ser un fotógrafo avisado, sí se percibe su especial sensibilidad de pintor en la búsqueda de perspectivas, en los contraluces y en los duros sombreados. Cuando se trata de paisajes, huye de representar la figura humana. Nada recuerda a la fotografía etnicista que otros practicaban y, cuando la representa, atiende a su estatus urbano.

En la década de los treinta su actividad se desarrolló en el ámbito de las artes gráficas, de la ilustración y de su labor como animador y gestor cultural tanto en la Asociación de Artistas Vascos como en las Juntas de Patronato de los museos de la Villa. Colaboró en diversos proyectos de Manuel de la Sota, para quien realizó escenografías y vestuario de algunas de sus obras, y que en 1937 le llamó para que participara en "Eresoinka", el grupo de danzas y coros vascos que organizó el Gobierno Vasco en el exilio y que paseó la cultura vasca por las principales capitales europeas. Guezala fue uno de sus escenógrafos y principal artífice de su andadura. Dejó Bilbao, después de participar en el salvamento del patrimonio artístico, con su mujer y sus hijos menores camino del exilio a Ginebra, y los dos mayores en el bando franquista. Gracias a un aval de José Félix de Lequerica pudo regresar con los suyos en 1941. Pero ya nada sería igual y se refugió en dos de sus pasiones, la heráldica y la filatelia, de la que era un gran coleccionista. La época final de su vida, llena de penurias económicas, estuvo marcada por la desgracia. En 1944 falleció su padre, en 1946 su hijo Luis, muerto en extrañas circunstancias en una comisaría y, en 1949, repentinamente en Madrid, su hija Elito. Entonces enfermó y, por un periodo de tiempo, perdió la vista. En 1956 falleció aquejado de un cáncer de pulmón. [P.M.]